Rincón literario de Paco Marín

El Rincón Literario de Paco Marín: “ Las calicatas por la Santa Librada”

TÍTULO:     Las calicatas por la Santa Librada

AUTOR:      Gastón Segura

EDITA:       Drácena (2018)

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 14,3 x 21,8 cm. Número de páginas: 642. PVP: 29,95 €. ISBN: 978-94-946483-7-3

Gastón Segura es un ESCRITOR, con mayúscula, que ha redactado una obra inimitable -más próximo a Cervantes, que a cualquier otro autor-Las calicatas por la Santa Librada es una obra tremendamente original muy lejos de lo que, actualmente, estamos acostumbrados a leer, pues su estructura y diálogos son inusuales.

Durante veinte años ha estado dando tumbos por multitud de editoriales y ninguna ha sido capaz de ver la alta calidad y falta de vulgaridad de esta novela. Por ello doy las gracias a Nacho Wilhelmi –Drácena– por su edición.

Un hecho real —la desaparición de una locomotora en la inmediata postguerra española y su búsqueda por parte de un teniente y un par de soldados, durante dos años— es el origen de Las calicatas por la Santa Librada; un retrato, por momentos sarcástico y, por momentos, conmovedor, de tan aciago periodo de la reciente historia de España.

Las calicatas por la Santa Librada, desborda las convenciones de la novela al uso, por la variedad de materiales (documentos administrativos, sentencias judiciales, artículos de prensa, cartas…) que la constituyen, y por el puñado de relatos que la van trenzando hasta plasmar una vívida estampa de la época, concebida siempre desde el humorismo, a veces, descarnado y, otras, de una emocionante ternura.

Drácena, reitero, publica por fin este prodigioso y desmesurado relato que resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín de novela.

Gastón Segura (Villena, 1961). Se trasladó a Caudete a los siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo, marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid, y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para dedicarse a la escritura.

En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín con su primera novela, Las calicatas por la Santa Librada, publicada en 2018. Ha publicado las crónicas africanas A la sombra de Franco (2004) e Ifni: la guerra que silenció Franco (2006), también la crónica local, El coro de la danza (2006) y el ensayo Gaudí o el clamor de la piedra (2011), que resultaría seleccionado como lectura recomendada en los cursos de doctorado de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. También la novela Stopper (2008), que sería distinguida como lectura imprescindible por el Dpto. de Lenguas Modernas de la Universidad Estatal de California. Otros libros publicados en Drácena: Los cuadernos de un amante ocioso (2012), Las cuentas pendientes (2015)y Un crimen de Estado (2017).

Gastón Segura nos atiende amablemente… Gracias…

P.- ¿Quién es Gastón Segura?

R.- Un escritor con todavía escasa fortuna.

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace Las calicatas por la Santa Librada?

R.- Desde que me trasladé a Madrid, con la intención de ser escritor, allá por los Carnavales del 90, buscaba tiempo y un argumento para zambullirme con severidad en la tarea. No lo lograba porque andaba de acá para allá, embebido en sucesivos trabajos. Sobre 1995, unos meses antes, ocho, nueve, del inició de la escritura de Las calicatas, Jesús Aparicio, un buen y recordado amigo, me contó que estaba escribiendo una novela sobre un suceso que había conocido cuando trabajaba como periodista para La calle —aquel semanario de la Transición vinculado al PCE—. Se trataba de la desaparición de una locomotora en la inmediata postguerra y de la peripecia de un teniente y un par de soldados buscándola por toda España durante dos años… Al poco, Jesús murió, y cuando supe que ninguno de los amigos que se hicieron cargo de sus pertenencias encontró nada al respecto, me dispuse a escribir esa novela. Además, coincidió con que disponía de tiempo, todo el que quisiese; a costa, claro, de pasar miserias decimonónicas.

P.- ¿Cuál ha sido el recorrido de la novela hasta que Drácena la ha publicado?

R.- Pues le respondería que un sufrimiento. Por lo pronto y recién concluida, la presenté al Premio Azorín de Novela de 1998, que se fallaba a principio de 1999, y por empeño de un amigo, pues un original de 540 páginas era y es lo menos adecuado para ese tipo certámenes… Y, zas, no sólo resultó seleccionada entre los diez finalistas, sino que acabó finalista absoluta. El problema fue que el finalista no tenía derecho a publicación. Sin embargo, tal logro cambió mi vida, pues a partir de ese momento solo decidí admitir trabajos relacionados con la escritura, mientras iba presentando el original a sucesivas editoriales (creo que entre españolas y mexicanas, sumarán unas treinta; algunas ya desaparecidas); solo se interesaron la Tusquets de entonces y la Agencia de Carmen Balcells, quien me escribió un par de cartas argumentándome que Las calicatas tenía enfrentados a sus lectores y que visto el asunto y siendo un desconocido, prefería abstenerse de representarlas. Algo parecido, pero en el plano editorial, sucedió con Tusquets. Y proseguí escribiendo mientras daba a leer y a corregir a editores y a amigos el original. Al punto que, desde entonces hasta su edición actual, veinte años después, ha perdido unas cuarenta páginas, a base de correcciones y perfilar pasajes; lo otro, la sucesión de noes por carta o por teléfono, prefiero olvidarla, porque fue un sufrimiento amargo, muy amargo.

P.- ¿Algún consejo para enfrentarse a su lectura?

R.- Ninguno. Bueno, parece que algunas personas encuentran dificultades con el lenguaje, pero es un efecto creado para situar al lector en el tiempo cuando transcurre la acción. Algo que el lector olvida por asimilación a partir de la página treinta o cuarenta, cuando ya está perfectamente ubicado en el tiempo y, sobre todo, inmerso en el ambiente donde acontecerán los hechos.

P.- Esta novela es ¿de izquierda o de derecha?

R.- Eso fue una estupidez que me encontré en una editorial hoy desaparecida y entonces, allá por el 1999 o 2000, de cierto prestigio… En fin, me dijeron que no se atrevían a publicarla porque no sabían si era una novela de derechas o de izquierdas… Es una novela —o sea, el relato de una peripecia, aunque en este caso sean unas nueve trapisondas entrelazadas—, pero sobre todo el retrato de un tiempo atroz, cerrado y miserable; claro que para superar de algún modo esa realidad cruda e hiriente eché mano del sarcasmo —y, a veces, de la ternura—, lo cual fue dotando al relato de algo que me satisface mucho y de lo que en principio no fui consciente: su indudable parentesco con la novela picaresca.

P.- ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos?

R.- Indudablemente la novela. En cuanto autores predilectos tengo demasiados; el más importante fue Faulkner, que me decidió a ser escritor tras la lectura de su Absalón, Absalón; pero, vaya, aprecio con delectación a Cela, a García Márquez, a Miguel Ángel Asturias, a Juan Marsé, a Azorín, aunque no sea estrictamente novelista, a Pérez Galdós, a Alejo Carpentier, y a mis amigos Alfons Cervera y Julio Llamazares… Y, claro, sin duda, a Cervantes.

P.- ¿Qué está leyendo ahora mismo?

R.- Sur de Antonio Soler.

P.- Como lector, prefiere: ¿libro electrónico o papel?

R.- Sin discusión, el papel.

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- Ninguna, salvo el tiempo; un tiempo sin límites desde el amanecer hasta la noche. No soporto escribir con horario; todo el tiempo debo estar dedicado a lo que los personajes requieran y a resolver los problemas que me planteen sus andanzas. Y claro, mi Mac; a estas alturas me sentiría inútil ante una máquina de escribir o ante un bolígrafo y un mazo de papel. Aunque el bolígrafo lo use a menudo para anotarme cosas en una libretita que casi siempre me acompaña.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha contado hasta ahora… si la hubiere.

R.- Las curiosidades ya las he contado en las presentaciones y no se me ocurre nada… Quizá en cualquier momento me asalte algo, pero ahora no me viene nada gracioso a la memoria.

P.- Venda su novela… ¿por qué hay que leer Las calicatas por la Santa Librada?

R.- Simplemente porque es una novela muy divertida, como lo son las novelas picarescas. Es decir; cuando le coges el tranquillo al relato, no pierdes ya la sonrisa, cuando esta no se remonta a pura carcajada.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- Acabar una novela en la que llevo meses, sino años, embarrancado, por falta de ese tiempo sin límites que me exigen los personajes y sus devaneos.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba