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“Insultos y matones a sueldo”, por Ramón Galindo

Y con esto poco a poco alcanzamos el primer domingo de mayo y Día de la Madre, por lo que desde aquí aprovecho para honrar a las de todos por habernos dado la vida, cumpliendo así la principal misión para lo que la naturaleza concedió ese privilegio, y sobre todo a las que tan estoicamente, no sólo nos concibieron sino que además cuidaron de nosotros mientras tuvieron su último aliento.
Seguramente será por ello, que la mayor ofensa que nos pueden hacer sea en contra de ellas, y aunque por estos locos tiempos que hasta desde el Gobierno el propio Vicepresidente haya intentado normalizar el insulto -siempre y cuando no sea hacia él- sea quizás porque desde pequeño estuvo acostumbrado a ello y que con todo el respeto a su señora madre (no puedo decir lo mismo de su Sr. padre) pues bien, con tantos “polles, pollos y pollas” y jugando con “los palabros” y ese viejo dicho de: Si puta es la mujer pública, si es que fuera re-pública ¿Sería dos veces puta?
Pues quien a los monarcas y su familia tanto desean la guillotina, sea hijo de polla o gallina, corriendo el riesgo por si a mi por facha me imputa, no deja de ser el que lo desea un hijo de la grandísima puta.
Pues si aún según una sentencia de una Juez de Mallorca, de esto ha ya más de seis años, no es ofensa pero sí grosera la expresión.
Y saltando mi norma de educación, y aún sin deseo de ofender, en este alarde de argot queriendo ser sincero, no por ello y ante tanto mal deseo dejaré de ser grosero.
Y si fascista algún inútil de estos me llama, haré mía la frase de cierto Mosso de Esquadra, y se lo lanzaré como una pelota, diciéndole: “El fascismo no existe, idiota”.
Y aún así después de ver ayer la cabeza de la manifestación del día del trabajo, con seis o siete ministros, de los que alguno no sabe lo que es “el tajo”. Con más de cuatro millones de parados, sin los de los ERTEs haber contabilizado, que se vayan a comer gambas bien aderezadas con ajo.
Y los de los sindicatos les acompañen, que en ese menester están en experiencia bien diestros, no sólo en comer marisco y moluscos pelados, sino en llevar tantos meses callados.

Espero, que nadie se dé por aludido y me mande a sus matones a sueldo del Estado.

Y como cada final de semana, enciendo el puro de los domingos que en perjuicio de mi salud pero a la vuestra, y escribo estas letras con la única excusa de enviar un fuerte abrazo a amigos y familiares.

Ramón Galindo.

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