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Investigadora de la UMU colabora en el primer mapa genético de la corteza cerebral

Investigadora de la UMU colabora en el primer mapa genético de la corteza cerebral

El estudio, publicado en Science, identifica por primera vez variantes genéticas que influyen en las diferencias individuales decórtex y cómo se relacionan con el riesgo genético de trastornos como la depresión o el TDHA.

La investigadora, colaboradora de la Universidad de Murcia (UMU), Lucía Colodro-Conde ha participado en un importante estudio internacional encargado de la creación del primer mapa genético de la materia gris del cerebro.

Esta investigación, que acaba de ser publicadaen la prestigiosa revista Science, ha conseguido identificar 306 variantes genéticas que influyen en la estructura de la corteza cerebral. Estos resultados arrojan luz acerca de cómo las diferencias entre individuos que observamos en la corteza cerebral y su relación con rasgos psicológicos y neuropsiquiátricos se deben a factores genéticos. 

Los genes que influyen extensión de los pliegues y el grosor de la corteza también influyen, en parte, en patologías como la depresión y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH.

Esta investigación es el primer paso para seguir conociendo la influencia de factores genéticos en el cerebro cuando se desarrolla un trastorno psiquiátrico o neurológico. Este nuevo conocimiento podría contribuir en la mejora de diagnósticos y tratamientosa largo plazo.

La responsable del raciocinio

La corteza cerebral, también denominadamateria gris por su característico color, alberga millones de neuronas y es la encargada de procesar la información en el cerebro y responsable del razonamiento, la memoria y la atención. Al igual que las huellas dactilares, los pliegues del córtex son únicos en cada persona.

“Los resultados que presentamos son un paso muy importante en el conocimiento actual del cerebro. Hasta ahora sabíamos muy poco sobre cómo variantes genéticas con una frecuencia relativamente común en la población influyen en las diferencias en la superficie y grosor del córtex”, explica Lucía Colodro Conde, investigadora colaboradora del grupo de Psicobiología y Neurobiología del Comportamiento de la UMU.

Según resalta la investigadora, cada variante genética analizada tiene un efecto muy pequeño en la estructura de la corteza cerebral, pero en conjunto explican alrededor del26% y 34% de las diferencias individuales que observamos en su grosor y superficie, respectivamente. 

Este estudio también evidencia que una proporción significativa de los genes asociados al aumento de la superficie del córtex se relacionan al mismo tiempocon una mayor habilidad para aprender y un mayornivel educativo en la persona. Además, parte de los genes que se asocian con una mayor corteza cerebral, también aumentan el riesgo de Parkinson.

Colaboración mundial

Más de 360 ​​científicos de 184 instituciones diferentes han contribuido en su desarrollo. Esteestudio se ha realizado dentro del consorcioENIGMA, al que pertenecen más de 1.400científicos de 43países que investigan las influencias genéticas en el cerebro y el papel de la estructura y función del cerebro en la enfermedad.

Para llegar a estos resultados, los expertosanalizaronlas imágenes de resonancia magnética y el ADN de más de 50.000 personas. Durante cinco añosrecogieron y analizaron datos a nivel local a través de protocolos estandarizados para procesar las resonancias magnéticas y realizar los análisis genéticos. Lucía Colodro Conde, investigadora postdoctoral del grupo Psychiatric Genetics del QIMR Berghofer Medical ResearchInstitute, en Brisbane (Australia), pertenece al grupo de análisis central que meta-analizó los resultados e hizo los análisis de seguimiento.

Siguiendo el compromiso de ENIGMA con la ciencia abierta, el resumen de los resultados está disponiblepara que la comunidad científica pueda seguir avanzando el conocimiento de la anatomía y funcionamiento del cerebro. 

Entre los investigadores participantes, destaca la colaboración en la recogida de datos del grupo liderado por Benedicto Crespo-Facorro, del Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla), así como sus afiliados: el Instituto de Investigación Biosanitaria Valdecilla (IDIVAL), Centro InvestigacionBiomedica en Red Salud Mental (Santander) y la Universidad de Cantrabria.

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