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La Torre de Babel, Ramón Galindo

Y con esto poco a poco ya pasado el estupor del calor en el que todos los veranos parece que se superan los récords de temperaturas, comienza la temporada de lluvias y ahora también diremos que llueve más que nunca, que si la tormenta no sé qué, que si la ciclogénesis explosiva, o que si la dana o la filomena. Ya nos olvidamos del botellón veraniego y de los chiringuitos con licencia para vender ensaladilla y sardinas que se camuflan de discotecas, y que cuya actuación a fin de temporada es precintarles el altavoz el 31 de agosto y ponerles una multa equivalente a la recaudación de media hora de copas mal servidas en vasos de plástico, con hielo de aquella manera y garrafón para quienes aún no distinguen entre “una gorra de viaje de un viaje de gorra” pero que pagan, bien con la asignación de papá, bien con su primer sueldo y que de paso dejan las inmediaciones llenas de basura, meadas y vómitos.

 Aquí no pasa nada, el año que viene volverán a darles la concesión con otra licencia fiscal y en vez de fomentar la calidad turística, el buen llantar y el descanso, les abriremos las puertas a las borracheras de los gamberros que hartos de copas baratas, vacían las papeleras y tocan los timbres de madrugada. Y todo esto por no aplicar la ley, que existir existe, que “haberla hyala” que medios y remedios también, pero que la incapacidad de quienes deben hacerlo no les permite reaccionar, quizá porque vienen de esa cultura, no tienen los deberes hechos y hasta puede que lo vean ¡NORMAL!

 En una sociedad, que los que cobran ¡y mucho! Eluden sus responsabilidades pasando la patata caliente de una a otra administración, que si tú que si aquél, que si mi ámbito de influencia, que si mi área de responsabilidad, que si avisa a la Guardia Civil ¡que no! Que eso es cosa de los municipales ¡que no! que hay que avisar al 112, quita quita a la Policía Nacional ¡que no! que están saturados, pues entonces este problema es de costas, pues tampoco, creo que es de la concejalía de litoral, que no que no, que eso depende de la confederación hidrográfica del Guadalquivir o del Júcar o creo que del Segura ¡ESTO SE LLAMA “TORRE DE BABEL!

  En un país que en una provincia se estudia en un idioma y en otra en otro, que en una ciudad te atienden en un hospital y en otra no, que se aprueba sin estudiar y que se paga sin trabajar. Qué puedes sentar a una mesa a toda la cúpula de un partido político o un sindicato y entre todos no suman ni seis meses de cotizaciones fuera de la política en su vida laboral y que si desgranamos los currículos de los escaños de los congresos y asambleas regionales proliferan los estudios primarios y escasean las experiencias laborales ¡ESTO SE LLAMA “TORRE DE BABEL!   

 En cierta ocasión, allá por otra época desastrosa de dirigentes inútiles, cuando por la ineptitud del gobierno, a Isaac Peral le censuraron su invento de submarino eléctrico (allá por 1.887 ya impulsaba una nave con energía eléctrica y ahora nos salen estos con lo de los coches) los americanos se montaron un numerito del Maine en aquella Cuba española y con su moderna y bien armada flota, en un paseo militar más parecido a una revista naval, hundieron la flota española en la única acción valiente y suicida que se nos permitió. El Almirante de las barras y estrellas –William Thomas Sampson reconoció al Almirante español Pascual Cervera Topete, que un solo sumergible como el de Peral hubiera hundido y puesto pies en polvorosa a toda la Navy del Atlántico. Meses más tarde una comisión de médicos españoles volvió a Cuba para repatriar a los prisioneros heridos. Los españoles se encontraron allí un panorama inmaculado, limpio y ordenado y lo que era mejor, las epidemias contenidas. De todos es sabido que en aquellas guerras moría más gente de enfermedades que de balazos, al preguntarle a los otrora enemigos, entonces colegas, los yankees fueron muy escuetos, su respuesta fue que se encontraron unos manuales en español, sencillamente los tradujeron y los aplicaron.

Moraleja: La ley existe, es cuestión de aplicarla.

 Y así acaba la semana, encendiendo el puro de los domingos, que a vuestra salud y en perjuicio de la mía, saboreo el aroma y disfruto de su humo que aprovecho para enviar un fuerte abrazo a amigos y familiares.  

RAMON GALINDO

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