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Más gabarras y menos tabarras

Cuando de niño llegaba a casa con los pantalones sucios o iba hecho un descamisado, mi madre, mi amatxu Begoña, me decía: “¡vas hecho un gabarrero!” No entendía mucho, pero comprendí que un gabarrero no iba hecho un pincel. Algún año después el Athletic de Clemente ganó Liga de futbol, y apareció la dichosa gabarra. (¿Clemente? Clemente no es apellido vasco ni p’a Dios, decía Koldo en la película ‘Ocho apellidos vascos’). Clemente no tendría pedigrí de apellido, pero ganó la Liga, sí la liga española, ¿es que juega en otra liga acaso pues el Athletic? La gabarra sin gabarreros, sin trabajadores del carbón con uniformes sucios de currante, sino con los leones de San Mamés.

He sentido pues gran alegría viendo la explosión de alegría popular con la victoria futbolística del Athletic Club de Bilbao. Al menos nos queda aun el futbol. Estamos en plena campaña electoral vasca, y llevamos ya años con mucha tabarra nacionalista. Tabarra, matraca, tostón y monserga. Históricamente no había un equipo más adorado en España que el Athletic de Bilbao. Ha sido toda una satisfacción ver esta semana a todo Bilbao inundando ambas márgenes de la ría, de celebración en los trece kilómetros que duró la travesía de la gabarra por el Nervión. Habían ganado la Copa de Futbol de Su Majestad el Rey de España. Sí, han leído bien. Rey y España. Al menos nos queda el futbol, para poder celebrar paz en la guerra. Paz en la guerra,  así se llama la gran novela de Unamuno sobre Bilbao. Eso necesitamos, paz en la guerra, o mejor aun, paz sin guerra, queridos españolitos que vivís en las provincias vascas.

¡Felicidades, campeones! Estamos orgullosos de lo orgullosos que os sentís siendo de Bilbao porque todos estamos un poco ahí.

Euskadi es una sociedad muy dañada por décadas de violencia asesina, y desprecio dialéctico por las ideas raciales de un tal Sabino Arana, que inoculó la diferencia basada en la superioridad ¿racial?; Bilbao, sin embargo, fue fundada en el siglo XIII algún año antes que el PNV por un tal Diego López de Haro, noble castellano, al servicio del rey Sancho IV. Menos tabarra nacionalista excluyente con debate de esencias y razas, y más gabarra inclusiva, más alegría y fraternidad. Los bilbaínos son, -somos-, fanfarrones, buenos cantantes a coro en cuadrilla, mejores comensales, y emprendedores optimistas.

Mas gabarras necesitamos, gabarras anchas que acojan a todos, y menos tabarras de caras largas, menos aires nacionalistas de superioridad reservada y reservona; menos estreñimiento en los rostros y nada de matraca victimista. Demasiado dolor ha habido que soportar con sangre y lágrimas a tragos, demasiada gente machacada y expulsada sin misericordia. Ese no es el espíritu de la gabarra, la arcadia de txistu, aurrezku y tamboril. Queremos un Euskadi abierto al resto de pueblos de España, como una gran gabarra como siempre fue el espíritu alegre del Athletic. Ningún español renunciamos a Euskadi como propio. Los españoles presumimos de Bilbao y de todo el Pais Vasco. España huele a pueblo, decía la canción; España también huele a bocho bilbaíno, a vuestros montes y playas, a los arrantzales del cantábrico. Bilbao y su Athletic es un equipo de todos, los sanfermines son de todos, la catedral de Santiago, la Feria de Abril, las Fallas, la Pilarica son de todos… No soportamos ya matracas monocordes. Queremos gabarras que no lleven carbón, pero tampoco solo futbol; gabarras que no naveguen de Getxo a Bilbao, sino de Euskadi a todo el resto de España mirando al mar y a la meseta, mirando al otro, al diferente. La meseta es el otro, esa gabarra gigante.

Un último detalle. Las gabarras no tienen motor ni timón, han de ser remolcadas. ¿Un barco de Bilbao sin timonel ni motor?  ¿Cómo puede ser eso, pues? Aun siendo de Bilbao, necesitamos a veces ayuda. Nos ha emocionado la chispa de la victoria y del fútbol. El fútbol… y yo espero que mucho más. ¡Zorionak txapeldunak!

Juan M. Uriarte

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