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Montanaro: LA MUERTE DE LA DEMOCRACIA

LA MUERTE DE LA DEMOCRACIA

En la reciente inauguración del curso judicial, bajo una tempestad de anomalías y disfunciones democráticas y en un contubernio autoritario por parte del PSOE y de Sánchez, Francisco Marín Castán, presidente en funciones del Tribunal Supremo, citó en su discurso un libro, “La muerte de la Democracia” de Carter Hett y yo sumo otro, «Cómo mueren las democracias», Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.  Desde esta perspectiva muy acertada, se han colado en la estructura de los gobiernos democráticos una nueva ralea de políticos de distintos ámbitos sociales, digo ralea y de baja moral, utilizan al propio sistema para ejercer el poder de manera autocrática, basadas en los totalitarismos tan incuestionables como las fracasadas y tóxicas ideologías nacidas en el siglo XIX.

Hoy ya no son los golpes de estado de origen militar los que atentan contra el desarrollo de la sociedad como en aquellas primeras décadas del siglo XX. En África se dan hoy, como dictador contra dictador en una continua recesión evolutiva basada en los intereses económicos de la riqueza esquilmada, explotadores y explotados están subyugados con interés internacional. Estos golpes que entonces costaron la vida de miles de hombres y mujeres a la carrera han sido sustituidos por la llegada causal a representaciones institucionales de personajes autócratas que ejercen el poder, infringiendo instancias participativas vitales para el ejercicio de la democracia.

Hay indicadores a diario que dan cuenta del autoritarismo impuesto, identifican esta tipología de autoritarismo en contra de la vida democrática. Son descaradamente, el rechazo a las reglas del juego democrático, son la negación y el desprecio de la legitimidad y el desprecio a la Oposición, la intolerancia e intransigencia descarada y la tendencia gradual y casi sibilina a restringir las libertades civiles del pueblo con todo tipo de excusas, mentiras y manipulaciones, amenazas y esgrimiendo el miedo, controlar la información de la opinión pública con los medios de comunicación, fagotizados unos y vilipendiados los contrarios es determinante para la opresión. Son estos aglomerados tóxicos y peligrosos de los que nos debe proteger el orden democrático, evitar la llegada al poder de figuras autoritarias es determinante, pero no es eficiente la actual Constitución a vueltas con el actual teatro político.

Los políticos deben ser guardianes de la democracia y los partidos no deben sucumbir ante el atractivo populismo de personajes que asaltan el poder, lo hemos comprobado con la llegada de Sánchez, el amparo de podemitas y su desfachatez comunista y la oligarquía establecida por separatistas, hoy determinante para que al autócrata dictador siga en alza con el guiño del cáncer de la Democracia, la ETA, asesinos canallas y miserables hoy socios y amigos íntimos, de cama del PSOE de Sánchez.

Hitler nunca habría llegado al poder si los principales políticos de Alemania no lo hubieran aceptado incluso, empujado y admitiendo las insurgencias populistas, una estrategia que abrió la puerta al nazismo gracias a la errada confianza de aquella clase política, estaban ignorantes de que saldrían perjudicados, y así, de forma deliberada facilitaron todas las herramientas para convertir a Alemania en una cruel dictadura con extensión tétrica al mundo y sorprendentemente como hoy en Venezuela, Cuba, la misma Rusia o la propia España, aparece un mandril con caña de pescar para salvaguarda y los tontos sucumben, entre otros hay quien lo aplaudía y aplaude, allí y aquí. Estos retratos demuestran lo frágil que puede ser una democracia cuando los que ostentan el poder no la respetan, ejemplo contemporáneo, España, Sánchez y los golpistas catalanes, vender el alma por un minuto más de poder…

Los autores del libro citado demuestran que, en nuestros días, la democracia ya no muere necesariamente por un acto violento o dramático, con un golpe militar o una revolución, mueren con un lamento prolongado, como el nuestro, el lento y progresivo debilitamiento de las instituciones esenciales como son el poder judicial y ojo, la prensa, y la erosión global de las normas políticas tradicionales.

El desmantelamiento del sistema democrático se inicia de una manera sosegada, de hecho, la génesis puede parecer imperceptible, de un modo cuasi invisible. Barajan semblanzas idílicas de legalidad, aprobados por el Parlamento con mayorías simples y heterogéneas y saltándose los procesos, como hace Sánchez con la urgencia en los Decretos Ley y luego, amparado por un dudoso Tribunal Constitucional como pasa en España, producto de la contaminación de las instituciones. Aparecen excusas encubiertas para alcanzar un objetivo público legítimo, como combatir la corrupción y luego ser más corrupto el PSOE que el PP, garantizar la limpieza de las elecciones y luego, manipular el voto, mejorar la calidad de la democracia pero destruyéndola o, potenciar la seguridad nacional anulándola, como es el caso pragmático actual. Generar un problema inexistente para dar una solución y amedrentar.

Tres lecciones de vida democrática para tener en cuenta y las olvidamos junto a los retos necesarios. No son las instituciones, sino las honradas prácticas políticas las que sostienen la democracia. El éxito de la democracia depende de la tolerancia hacia el contrario, hoy anulada o castrada y la contención institucional, decidir siempre quedarse corto bajo la Ley, no sobrepasarla, manipularla y prostituirla.

Las constituciones no obligan a tratar a la Oposición como contrincantes ilegítimos por el poder, sin normas informales, no escritas, así, en el caos y el desprecio el sistema constitucional de controles y equilibrios no funciona. El reto es comportarnos más cautelosos y prudentes, respetar lo que la ley exige, No vale ir más allá de las leyes por interés golpista o autoritario.

Indudablemente, la tolerancia y la autocontención son imprescindibles en una sociedad plural. El problema de la polarización tan denostada hoy está en la cantidad. La polarización es buena, la existencia de alternativas mejora la representación, dentro de un orden, un exceso es nocivo, dificulta los acuerdos y empeora la política. El desafío de los demócratas no consiste en eliminar la grieta sino en dosificarla, la polarización puede dividir y romper la democracia, si las diferencias socioeconómicas, raciales o religiosas generan radicalización extrema como ahora en España por Sánchez y el oprobio del PSOE, donde la sociedad se ha establecido en bloques o bandos políticos cuyas ideas no solo son diferentes, son excluyentes, la tolerancia resulta más difícil de sostener y empieza por el que se erige autoritario y absolutista. Hoy la sociedad tiende con una ignorancia supina a islamizarse a costa de nuestros impuestos, una ingente financiación económica que soportamos en Europa y en España para privarnos de nuestra cultura, religión y tradiciones y somos absentistas de ello, la deuda que nos hipoteca ya, la manejan imperios extranjeros disfrazados de capitalismo y con base autoritaria comunista.

Hasta ahora las normas democráticas podían mantenerse incluso entre considerables diferencias ideológicas de partidos. Cuando la fractura social es tan profunda y cuando sus protagonistas están equidistantes, las rivalidades se transforman en amenazas y batallas, desapareciendo la tolerancia y aparece el insulto, el abuso y el desprecio en las instituciones, son indicadores de la caída demócrata y la amenaza de la dictadura llamando a la puerta ya que, los autócratas están más tentados a dejar la contención e intentan ganar a toda costa, ejemplo Sánchez y la amnistía, lo que nunca ha encajado constitucionalmente para él y para la Constitución encaja perfectamente para mantenerse en el poder, delitos de sedición y malversación tan necesarios para la estabilidad como despreciados por el autócrata dictador, insolentes indultos a la carta, pactos con delincuentes prófugos, penados estos actos por la propia justicia, “El Estado soy Yo” y se permite el finado hoy rey del absolutismo español despreciar las leyes. Alienta el apogeo de grupos que rechazan las reglas democráticas de plano, cuando esto sucede, la democracia está en juego y la nuestra adolece en una cama de hospital.

El ingenio y agudeza de esa generación de dirigentes políticos de la transición  no fue crear una Constitución formal y desarrollada, además de diseñar las instituciones maduradas, fue desde el respeto que despacio y con cierta dificultad implantaron un conjunto de creencias y prácticas compartidas que contribuyeron al buen funcionamiento de dichas instituciones, eso lo llamo yo confianza, tanto en unos partidos como en otros, sabíamos que la radicalización se había acabado, hasta la llegada de Zapatero y las concesiones a sus aliados golpistas y etarras, la media verónica de Podemos y una suerte de ataques a la democracia descarados y chulescos arropados por interés en la suerte de banderillas de Sánchez, ahí acabó todo, sigue hoy el picador a caballo dando vueltas por el coso con la pica.

Como los Mandamientos de la Ley de Dios se resumen en “Dos”, aquí se resume la muerte de la democracia en “Cinco”.

 La erosión democrática es gradual. La mayoría de las democracias no mueren en un golpe dramático, sino a través de un proceso gradual de erosión de las normas democráticas. implica la manipulación sistemática de las instituciones y la concentración de poder en manos de un solo partido o líder.

El papel de las élites políticas. Cuando las élites abandonan su compromiso con las normas democráticas y priorizan la lealtad partidista sobre la democracia misma, pueden contribuir al debilitamiento de las instituciones democráticas.

El peligro del autoritarismo competitivo. «Autoritarismo competitivo», describe cómo los líderes elegidos democráticamente pueden utilizar las instituciones democráticas para debilitar la competencia política y consolidar su propio poder. De hecho, socava la democracia desde dentro sin necesidad de un golpe de estado.

La importancia de las normas no escritas. Las democracias saludables dependen en gran medida de normas no escritas que limitan el poder y fomentan la cooperación política. Estas normas incluyen la tolerancia política, el respeto a la oposición y el compromiso con elecciones justas.

La resistencia ciudadana y la sociedad civil. La importancia de la sociedad civil y la ciudadanía activa en la defensa de la democracia. Cuando los ciudadanos se organizan y movilizan para proteger las normas democráticas, pueden ejercer presión sobre las élites políticas y contrarrestar las amenazas a la democracia.

José Antonio Primo de Rivera en plena sucesión de acontecimientos tétricos allá por 1934 durante el desastre de la Segunda República, hace 9 décadas, que podría haberlo dicho hoy sin errar citó. “La abierta rebeldía de la Generalidad de Cataluña contra el Estado español nos hace asistir a un espectáculo más triste que el de la misma rebeldía: el de la indiferencia del resto de España, agravada por la traición de los partidos políticos, como el socialista, que han pospuesto la dignidad de España a sus intereses políticos”.

El problema de ignorar la propia historia es repetirla y esa es nuestra condena, el ser el último de la cola en educación no es casual, es una tarea impositiva ancestral para hacer borregos, hoy, hay una generación treintañera que, si bien no han vivido gracias a Dios, a nosotros y a la Democracia, los años del plomo de los asesinos de ETA hoy en Bildu y con la mirada torcida del PNV, con sus intromisiones dantescas independentistas vascas y catalanas, ignoran las carencias y el sangrado que costó esa libertad y esa ignorancia que hoy disfrutan y olvidar el pasado no es bueno, es un arma letal, una de las bases de la democracia norteamericana es el orgullo de su historia, de su pasado y de sus héroes siempre presentes. El de España es el absentismo, la ignorancia y el desprecio de nuestra historia.

Andrés Hernández Martínez

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