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PENSANDO EN VOZ ALTA : A LA BUSCA DEL DIOS PERDIDO

PENSANDO EN VOZ ALTA

A LA BUSCA DEL DIOS PERDIDO

El pasado lunes, 5 de agosto, cumplí 68 años. Como sucede cada vez que aumenta en un dígito mi edad me dedico a repasar mi vida pasada. En esta ocasión no podía ser menos y hablando con la familia, y con algún que otro amigo, alguien me pregunta por mi afición a los libros y, particularmente, por la “necesidad” de contactar con algún autor concreto. Muy buena pregunta… echo la memoria hacia atrás y llego al recuerdo de ese primer contacto con un autor. Dicho personaje fue, nada más y nada menos, que José Antonio Balbontín Gutiérrez.

José Antonio Balbontín Gutiérrez (Madrid, 1893 – 1977), abogado, político y escritor. Letrado del Consejo de Estado y Magistrado del Tribunal Supremo. Activista político, estuvo afiliado a distintos partidos: Partido Republicano Radical Socialista (1930 – 1931). Partido Social Revolucionario (1931 – 1933). Partido Comunista de España (1933 – 1977). Autor de 23 obras y participó en otras dos. Amén de ser un prolífico articulista.

Mi interés por este autor, y mi atrevimiento a contactar con él, nace en el momento que leo un artículo suyo titulado Sigo buscando a Dios. Me impresionó y me dirigí a él en una carta que reproduzco en esta columna:

Cartagena, 6-10-72

Sr. José Antonio Balbontín

Muy Sr. Mio:

He leído su artículo “Sigo buscando a Dios” y tengo que confesarle que me ha sorprendido y agradado enormemente. Me ha sorprendido por la profundidad y claridad del mismo y, me ha agradado porque la casi totalidad de las ideas en él expuestas ya me las había yo planteados sin encontrarles respuestas suficientes.

Sobre la existencia -EXISTENCIA- de Dios he dudado muchas veces, he intentado comprender a San Agustín -en sus famosas cinco vías-, a San Anselmo -en su argumento Ontológico- y a muchos otros. Pero, ninguno de ellos, me han dado plenas satisfacciones con sus argumentos y teorías.

No encuentro a Dios por ningún sitio.

Lo sigo buscando con todas las fuerzas, pero no lo encuentro y me parece difícil encontrarlo en un mundo como el actual.

En esta búsqueda de Dios he observado muchas cosas, entre otras: la invocación del nombre de Dios a personas que niegan su existencia y defienden esta inexistencia a capa y espada. Pero esta invocación no ha sido casual sino causal, causada por una situación apurada, por un momento amargo de su vida, por una desgracia.

Esto me hace pensar en Dios y en la religión como un instrumento -idea- al cual echamos mano para acallar nuestra conciencia y calmar nuestro ánimo. Es decir que tanto la religión como Dios es algo que cada uno de nosotros hemos ido creando en nuestro interior y lo usamos cuando más nos conviene.

Pienso que Dios existe en nosotros, pero no fuera de nosotros, lo incorporamos de nosotros al exterior, cuando tenía que ser, al contrario.

Cada uno entendemos a Dios a nuestra manera y nos sobran todos los argumentos ajenos.

Todos tenemos que buscarlo porque a lo mejor un día nos lo encontramos.

Despedida y firma.

Esta fue la respuesta a mi misiva:

Madrid, 12-10-1972

Estimado amigo: Le agradezco mucho su amable carta del día 6, que me revela un alma similar a la mía, cosa que siempre nos consuela.

Como usted ha visto, estoy un poco desorientado y afligido con respecto a la cuestión religiosa, que en España no suele tener más que fanáticos de la afirmación y fanáticos de la negativa. Creo que en estas cuestiones lo más prudente es la duda metódica de Descartes. Estimo, como usted, que la religión -y la irreligión- son una cosa íntima nacida en nuestro espíritu, que probablemente no tiene ninguna conexión sobrenatural, aunque tampoco podemos estar seguros de esto. La verdad es que, como dice Bertrand Russell, no podemos estar seguros de nada.

Aunque me quedan muy pocos ejemplares de mi libro “A la busca del Dios perdido”, me complazco en remitirle uno porque comprendo que no habrá en Cartagena, ni en ninguna otra parte, muchos lectores tan vivamente interesados como usted por mis inquietudes, que son también las suyas.

Mande como guste a su buen amigo, …firma…

Dicho libro lo recibí días después… por lo que se convirtió en la primera obra que un autor o editorial me han hecho llegar.

# Balbontín, J. A. 1969, A la busca del Dios perdido, Índice, Madrid #

Observarán que es la primera vez que hago pública un resquicio de mi memoria -no creo que le interés a nadie- pero así respondo a lo que, como he indicado al principio, se me cuestionó.

Acabo con la felicitación de navidad que recibí ese año:

Diciembre, 1972.

Querido Marín: Le deseo todo género de venturas en el Año Nuevo, que espero sea más benévolo que el Viejo para todo el mundo.

Sigo hundido en las tinieblas del Misterio, sin encontrar la luz que busco. 

Abrazos de …firma…

Hago constar un detalle: José Antonio Balbontín tenía en ese momento 79 años y yo21. 

En la Biblioteca Nacional de España pueden encontrar A la busca del Dios perdido.

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