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PENSANDO EN VOZ ALTA: ANOTACIONES AL DICTADO

PENSANDO EN VOZ ALTA

ANOTACIONES AL DICTADO

Vivo en un barrio en el que hay personas muy curiosas e interesantes. En general, todos mis convecinos son excelentes ciudadanos. Con muchos de ellos me cruzo a diario y, además de los buenos días, intercambiamos opiniones sobre el devenir de la propia barriada, de Cartagena, de la comunidad y de España. Presto mucha atención a lo que dicen porque siempre aprendo algo. Son personas que cuando opinan lo hacen sin cortapisas y lo ‘sueltan’ tal cual. Entre todos ellos hay un vecino de mí misma edad; que apenas sabe leer y escribir, ha trabajado desde chiquillo y ahora disfruta de su jubilación; con el que coincido todos los días e intercambiamos opiniones sobre el tiempo, lo divino, lo humano y las noticias del día.

A principios de la pasada semana me dijo: “Oye, si yo te digo cosas tú lo publicarías en el periódico ese que escribes todas las semanas”. Sin dudarlo le contesté que sí. Un par de días después, frente a dos buenas cervezas, estuvimos charlando durante bastante tiempo.

Tomé nota mentalmente y, en una cuartilla que me llevé de casa… era, y es, mi intención reflejar lo más fielmente posible sus palabras.

Comenzó diciéndome que él charla, y pregunta, con muchos de los convecinos: abogado, médico, fontanero, panadero, librero, camarero… y de todos aprende algo. Me sorprendió con lo primero que me dijo: “¿Es verdad todo lo que se dice sobre el Covid? Te comento esto porque en la tele y en la radio oigo muchas cosas. Una de ellas son las variaciones del bicho”. Como soy inquieto, en cuanto me crucé con el médico de mi calle, le pregunté sobre el particular y me contestó esto: «Yo tengo documentación que dice que es totalmente falso lo de la variación india, firmado por el gobierno indio. Por otra parte, archivado tengo un comunicado de la Organización Panamericana de la Salud en el que se afirma que no existe una variante colombiana del virus». Mirándome fijamente me dijo. “¿Tú que opinas? ¿A quién creo?”. Sin apenas respirar, continuó: “Al que no voy a creer es al presidente del gobierno pues miente o se contradice cada cuarenta y ocho horas más o menos”.

Volvimos a pedir dos nuevas cervezas y tras un largo trago, prosiguió: “Estoy más perdido, que un chiquillo en un laberinto, con los nuevos toques de queda”. Ya no sé si vivo en un país único o en una ‘juntera’ de provincias porque lo que es “bueno” y permitido en unas zonas no se admiten en otras. Independientemente de que no soy partidario de los toques de queda, ¿por qué unos jueces dicen blanco allí y, otros dicen, negro aquí? ¿por qué? El bicho se ve que ataca menos o más según donde vaya. ¡Es un auténtico disparate!

La verdad, es que la tarde transcurría de una manera muy interesante. Hablamos, más bien habló él, sobre la renovación del gobierno ocurrida el sábado 10 de junio. Me preguntó que qué se necesitaba para ser ministro. Y, si uno valía hoy para un ministerio y mañana para otro totalmente distinto, refiriéndose a Iceta. Le contesté que eso sería criterio amigable del máximo responsable, Don Pedro. Siguió con algo que no le faltaba razón: “Se rodea de amiguitos que no le hagan sombra y le obedezcan en todo”. “Es penoso verlos, después, hacer declaraciones leyendo papeles sin saber, la mayoría de las veces, que dicen”.

Tras una nueva cerveza acompañada de un par de “marineras”, estaba lanzado con lo que oye aquí y allá. Me vuelve a cuestionar que está pasando con la pandemia: “¿Es que, el bichito, al principio no atacó a los jóvenes y ahora sí? ¿Es cierto lo que dicen por ahí, que los contagios van por barrios?”. Con los ojos como platos, le dije que se explicara: “Un amigo, que lee hasta los prospectos de los medicamentos, ha leído que hasta ahora el coronavirus se había extendido más en zonas de rentas bajas. El nivel de ingresos ha generado desigualdad en el contagio… ahora, los contagios se están dando entre la población de lugares con rentas altas”. ¿Es cierto? No lo sé, le respondí. Voy a interesarme por el tema y volvemos a quedar otro día, si te parece, por supuesto que aceptó. Y, de momento, hasta aquí estas anotaciones al dictado.

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