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PENSANDO EN VOZ ALTA: LGTBIQ+

Muchos de los lectores que me siguen, si es que alguno me sigue, pueden sentirse un tanto harto de mí y de mis manías o pequeños odios. Una semana más, la pasada, se ha celebrado un “día de”. Ya saben por dónde voy: ‘soy enemigo de los días de’. Más estos seguirán. En esta ocasión el día del “Orgullo LGTBIQ+” (y continúa). Perfecto. ¿Por qué se celebra?, será porque aún hay muchos cortos de mente que no admiten que haya personas que, íntimamente, sientan otras cosas distintas a su género de nacimiento. Aquí no admito discusión: físicamente se nace masculino o femenino, hombre o mujer. Lo que después uno diga que si A o B, eso es otro cantar.

Continúo. Otro problema viene de esas mentes diminutas que intentan entorpecer la labor, la carrera o cualquier devenir de una persona que sexualmente se define diferente. Tampoco soy muy partidario de que nadie vaya proclamando a los cuatro vientos si “carne o pescado” (disculpen la ironía). Yo lo que quiero es que cada uno; hetero o homosexual, trans o binario o como quiera definirse; cumpla con su trabajo y con las leyes que a todos nos amparan. Nadie está por encima ni por debajo de ninguna norma.

Sigo. No se debe, bajo mi modesta opinión, ir proclamando si soy esto o aquello. Reitero: personalmente me da lo mismo lo que se defina. Una breve anécdota: Un día entro a un ascensor en el que iba una persona. La saludo, me devuelve el saludo y sin venir al caso me dice “soy homosexual” a lo que yo le contesté “yo melillense”. Se quedó callado, mirándome un tanto raro. A mí que me importa.

Les aseguro que se perfectamente de que hablo. Más, siempre que preparo una columna busco información sobre el tema. Así lo he hecho en esta ocasión, para explicar que significado tiene cada una de las letras LGTBIQ+, y me he encontrado con un trabajo publicado en “Ayuda en Acción” redactado por Noemí García Cabezas, del cual reproduzco una parte (he aprendido cuestiones que desconocía).

El término comenzó a usarse en los años 90, cuando se empezó a hablar abiertamente de ello. En un principio, se hablaba solo de LGB (lesbianas, gay y bisexuales). Aún no se planteaban otros términos como transgénero, transexual, intersexual o queer, que es lo que significa el resto de siglas.

Podemos hablar de género y de orientación. Para hablar de lo primero, digamos que el género se refiere a una categoría en la que una persona se engloba (hombre, mujer o persona no binaria) y al que se atribuyen juicios y roles tradicionalmente aceptados. Si, en cambio hablamos de orientación, se tiene en cuenta el componente de la atracción y por ello tendremos que tener en cuenta la identidad de género. Ambos conceptos, como puedes ver, son totalmente diferentes.

L de lesbiana: Una mujer es lesbiana cuando se siente atraída por otra mujer a nivel sexual-afectivo. Existen mujeres lesbianas que son personas no binarias del espectro femenino.

G de gay: Del inglés, esta palabra ha sido adoptada en casi cualquier idioma para identificar a hombres homosexuales, es decir, aquellos que se sienten atraídos por otros hombres. Dentro de ellos puede existir personas no binarias del espectro masculino.

B de bisexual: Alguien es bisexual cuando le atraen por igual hombres y mujeres, tanto a nivel sexual como emocional.

T de transgénero o transexual: Las personas transgénero son aquellas que nacen con genitales y características físicas de un género, pero se sienten del contrario. Se trata de género y no de sexo. En el caso de las personas transexuales, sí podríamos decir que ha habido una operación para llevar a término la adecuación de su cuerpo con su identidad de género.

Hay quien piensa que la T se refiere a personas travestidas. Una persona travestida no necesariamente es homosexual, por ejemplo. Muchas personas se visten del género opuesto al suyo por diferentes cuestiones, así como hacerlo solo ocasionalmente.

I de intersexual: En este punto ya hay mucha gente que comienza a perderse en cuanto a terminología. ¿Sabías que el 1,7% de todos los bebés que nacen son intersexuales? Igual te parece poco, pero según dicen las estadísticas, hay tantas personas de esta condición como pelirrojas. Curioso, ¿no? Las personas intersexuales nacen con genitales de ambos sexos al mismo tiempo. Algunas de estas personas pueden tener una combinación de cromosomas que hace imposible asignar uno u otro sexo.

Q de queer: Así se llamaba, de forma despectiva, a las personas homosexuales en la Inglaterra del siglo XIX. Sin embargo, a finales del siglo XX comenzó a reivindicarse la palabra, que en su origen significa “raro”. Dentro de este colectivo están todas aquellas personas que no se identifican con ninguna etiqueta y que quieren vivir su identidad sexual de forma libre y sin discriminación. Se habla también de “género fluido”.

+, un símbolo donde se agrupan otras opciones: Y después de estas siglas en los últimos años se ha ido añadiendo el símbolo “+” para incluir a otras minorías que no se encuadran en ninguna de los anteriores grupos. En este “+” podemos incluir a personas pansexuales y omnisexuales (quienes se pueden sentir atraídos por otras personas independientemente del género que esas tengan, o incluso si no se identifican con ninguno), demisexuales (quienes para sentir atracción sexual necesitan conocer profundamente a la otra persona) o asexuales (bajo o nulo interés por el sexo). Cada vez más personas se definen dentro de estas últimas, por lo que hay quien ya introduce la A en las siglas, dando lugar a LGTBIQA+.

En definitiva, todos y todas somos personas; por lo tanto, tonterías y gilipolleces… las justas.

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