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PENSANDO EN VOZ ALTA: Necios

PENSANDO EN VOZ ALTA

NECIOS

Vivimos tiempos muy extraños y peligrosos. Peligrosos, sobre todo, a nivel mental, a niveles terrenales porque hay personas (personas por su chasis exterior, no por el interior) que día sí y día no van lanzando una serie de consignas, igual se la creen, con el fin de desvirtuar el mundo conocido, pero, sin aportar nada serio, nuevo o contundente. Hablan, hablan y hablan como auténticos necios.

Consultando diccionarios, y documentos varios, nos encontramos con: Necio es un adjetivo negativo que caracteriza a una persona ignorante, que no sabe lo que tiene que hacer. La palabra necio es de origen latín «nescius», derivado del negativo «scire» que significa «saber».

El término necio es sinónimo de torpe, porfiado, terco, obtuso, es decir, es una persona qué con el fin de llevar a cabo sus ideas o planes, no escucha los consejos de las demás personas, ni las consecuencias negativas que puede acarrear su comportamiento, es decir, de ninguna manera se logra convencer. Verán que cada día, en la prensa, televisión, charlas, conferencias, etcétera nos tropezamos con una serie de iluminados qué con un desconocimiento máximo de un tema, porfían, porfían y se quedan pensando “que bueno, o buena, soy y que culito tengo”.

Abundamos. El término necio hace referencia a las cosas ejecutadas con imprudencia, ignorancia (estamos al borde de la calle) o presunción (tres cuartos de lo mismo).Observamos muchísima ignorancia en multitud de temas con actitud presuntuosa.

A más de uno le habrá venido a la cabeza el título de una novela, “La conjura de los necios”, su autor fue John Kennedy Toole (Nueva Orleans, 1937 – 1969). El libro se publicó póstumamente en 1980. El personaje principal es Ignatius J. Reilly, hombre inadaptado y anacrónico. Al ir leyendo el libro te tropiezas con una historia que, aunque te hará reír mucho, también te va a mostrar de manera exagerada, cómo es la sociedad actual: con su egocentrismo (a diario nos tropezamos con muchos personajes imbuidos del mismo), crueldad, tristeza… Al ir leyendo te ríes, pero también te va a dar pena por ver cómo se ha convertido el mundo y cómo antes este no era así (o por lo menos no tan así), ni se regía por principios que ahora parece hemos acatado todos (o quieren hacernos acatar) para poder «adaptarnos» y ser uno más de la sociedad.

¿Cómo sabemos si estamos o no en presencia de un necio? Algunos aspectos de su conducta son: 

Un necio se muestra cerrado a considerar otros puntos de vista. Aunque puede ser que actúe como si realmente prestara atención y considerada nuevas perspectivas, lo cierto es que su mente está cerrada a su única visión y, si a esto le sumamos una situación de enojo, son impermeables a las ideas de otros.

Por otra parte, aunque se le presenten argumentos y evidencias que contradigan su punto de vista, el necio no solo insiste en tener razón (¿les suena?), sino que se enfoca en detalles irrelevantes que le hacen perder el foco en el tema principal, pero que sirve para respaldar su punto de vista. Posee dificultades para aceptar el cambio o la innovación y prefiere mantenerse en su zona de confort, aunque en ella tenga mucho de qué quejarse.

Según expresa Andrés Armas en su libro “Sumario” (Drácena, 2023): «Algunos sabios aprenden de sus errores. Casi todos los necios son víctimas de sus éxitos».

Para ir finiquitando y no caer en necedades hemos de tener en cuenta, por desgracia, que no se rinden fácilmente y siguen trabajando en una tarea hasta que consiguen lo que quieren. También, las personas necias tienden a ser muy enfocadas e independientes por lo que están dispuestas (sin necesitar de nadie más) a invertir su tiempo y energía en los objetivos que se proponen y conseguir grandes resultados. No es lo mismo un necio instruido en un tema que uno ignorante; no es lo mismo un líder necio que debe conseguir la transformación de una organización que el de un investigador que trabaja por su cuenta.

Por último. Tengan en cuenta que muchos de nosotros, en determinadas situaciones, tal vez no “seamos” necios, sino que “nos comportamos” con necedad ante situaciones que nos generen inseguridad, temor, o que nos demanden utilizar habilidades sociales que no dominamos.

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