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PENSANDO EN VOZ ALTA: RAE

Cansado estoy de convivir con tantas tonterías, mentiras y encerronas verbales de débiles mentales por propia convicción y entrenamiento diario. Por eso quiero recordar hoy un acontecimiento muy importante en el devenir de la lengua española, con la esperanza de que alguno de los politiquillos, al uso, tomen nota y usen el idioma español como es debido.

El pasado sábado, antes de ayer, 3 de octubre, se cumplieron 307 años de la fundación de la RAE (Real Academia Española).

Sé que todo lo que voy a contar está a un golpe de ratón en internet, pero como es un tema “no muy interesante” para muchos, les voy a facilitar el trabajo de búsqueda comentándoles algunas curiosidades.

La Real Academia Española se fundó en Madrid en 1713 por Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, octavo marqués de Villena, quien se inspiró en la Academia Francesafundada por Richelieu en 1635. Un año después fue aprobada por el rey Felipe V y puesta bajo su protección. Durante 264 años esta institución estuvo formada exclusivamente por varones ilustres. No fue hasta 1977 que la cartagenera Carmen Conde se convertiría en la primera mujer en formar parte de la Academia. Hubo casos previos en los que mujeres intentaron ingresar, sin embargo, se toparon de frente con el machismo de la institución y sus integrantes.

Los volúmenes del primer diccionario –Diccionario de autoridades- seis en total, aparecieron entre 1726 y 1739. La primera Orthographía se publicó en 1741 y la primera edición de la Gramática treinta años más tarde. A lo largo de sus tres siglos de historia ha tenido treinta y un directores, siendo el primero de ellos su fundador el marqués de Villena, y desde 1894 ocupa su sede actual en la calle Felipe IV de Madrid.

El 3 de octubre de 1714 el rey Felipe V otorgó, en el palacio de El Pardo, la cédula real por lo que se creaba oficialmente la Academia.

Las primeras reuniones de los miembros de la corporación se habían celebrado en 1713, concretamente el 6 de julio se celebró la primera, en la casa del propio Villena. Esas primeras sesiones estaban formadas por once miembros de número.

En aquella época también había, nadie lo duda, rencillas políticas pues la cédula real se aprobó un año después de la fundación. Según Carmen Sanz Ayanz (Catedrática de Historia Moderna de la Universidad Complutense de Madrid) la cédula se había hecho esperar, al parecer por la intromisión del Consejo de Castilla que retrasó la marcha de la resolución al considerar que la tarea que proponían los académicos superaba sus capacidades. Por otra parte, Víctor García de la Concha (vigésimo octavo director de la Real Academia Española entre 1998 y 2010) nos cuenta que: «una comisión encabezada por Villena agradeció personalmente al rey el respaldo, en un gesto de familiaridad y cercanía —como criados de la Real Casa— que se hizo habitual. No parece aventurado pensar que la clara oposición del todopoderoso Consejo de Castilla trataba de impedir que la Academia promovida por el marqués de Villena fuera reconocida de ese preciso modo: concebida como una empresa nacional, designada por ello como española, y protegida personalmente por el rey hasta el punto de que sus miembros gozasen de la consideración de miembros de la Real Casa, con acceso directo a ella». Como vemos nunca llueve a gusto de todos y… por algo será. Pero por encima de esta lluvia tenemos a la RAE.

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