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Plan hidrológico para la cuenca del Segura, Daniel Ruiz

Recientemente hemos vuelto a sufrir los efectos de las lluvias torrenciales en prácticamente todo el ámbito de la cuenca del Segura, la más regulada y también la más deficitaria en recursos hídricos de toda España. Centenares de millones de euros en pérdidas, afectando severamente a infraestructuras públicas, propiedades privadas y lo que es peor, causando víctimas humanas. 

Este episodio de lluvias ha sido extraordinario, no sólo por la cantidad de las mismas, también por la área que ha abarcado, pero prácticamente todos los años sufrimos daños en unas u otras partes de nuestra demarcación hidrográfica.

Salta a la vista el deterioro en los cauces públicos, la falta de mantenimiento en los mismos y la parálisis en la ejecución de nuevas obras de contención y aprovechamiento hidráulico.

Habrán podido leer que han caído en nuestra cuenca unos 2700 Hm3 de agua en este último episodio de lluvias, siendo el aprovechamiento directo muy bajo, no llegando al 2% del total de agua recibida, aunque hay una aportación a los acuíferos innegable, pero difícil de precisar.

Lo que nadie puede negar son los daños producidos y la falta de respuesta por parte de la administración. Ni se llevan a cabo las limpiezas pertinentes, ni se realizan obras de emergencia, ni nada de nada. Con suerte, tendremos alguna indemnización por los daños sufridos.

Esta situación es inadmisible y hay que llevar a cabo una batería de medidas de urgencia inmediatamente, para evitar que se vuelvan a producir unos daños tan elevados y no se sufran más pérdidas humanas por este tipo de catástrofe: Un mantenimiento de infraestructuras, una limpieza de cauces y la ejecución de obras de contención contempladas desde hace décadas. Todo ello es vital.

Pero aún así, no podemos dejar todo en manos de las administraciones. Los regantes conocen bien la posibilidad de realizar pequeñas presas en la infinidad de pequeños cauces, ramblas, ramblizos, etc., pero no se facilita la posibilidad por parte de Confederación Hidrográfica del Segura. En la foto podrán ver una de estas infraestructuras.

Esto debe cambiar urgentemente y es factible llevar a cabo, además de las obras previstas por la administración, infinidad de pequeñas presas que servirían de contención, además de posibilitar el aprovechamiento de un agua que no tenemos. Les daré unos datos:

Aproximadamente la mitad del total de la superficie en la cuenca del Segura recibe las lluvias, pero no puede aprovechar la escorrentía producida, al contrario de lo que sucede en la otra mitad, que vierte a los grandes embalses de los que disponemos. Podemos afirmar pues que nuestra cuenca está regulada a medias, aunque lo esté mejor que otras cuencas. Pero no nos podemos quedar con los brazos cruzados ante esto.

Si se llevan a cabo pequeñas presas en las innumerables localizaciones posibles, minimizaremos los daños que sufrimos y dispondremos de más agua, de buena calidad y un coste aceptable. Ahorraremos daños y dispondremos de un agua que no tenemos.

Calculando una precipitación media de unos 3000Hm3 en la mitad no regulada de la cuenca y conociendo nuestra orografía y meteorología, no es descabellado hablar de que se produce un mínimo de un 30% de escorrentía, unos 1000Hm3.

Contemplar la construcción de pequeñas presas, siempre y cuando no afecten a los embalses existentes, es factible. Estimo que, al menos, se podrían llevar a cabo unas 1000 presas, con capacidad media de unos 0’1Hm3. Esto nos permitiría aprovechar 100Hm3 cada vez que se produjera un episodio de lluvias fuertes, que es lo habitual en la franja que no va más allá de los 80 kilómetros desde la costa (DANA o gota fría).

Durante el pasado año hidrológico tuvimos tres episodios de fuertes lluvias: en noviembre, abril y el reciente de septiembre. Así, se podrían haber recogido unos 300Hm3. Es más agua de la que se ha recibido del Trasvase Tajo-Segura durante el pasado año y permitiría reducir mucho nuestro déficit hídrico, cifrado en 400 Hm3 al año.

Las comunidades de regantes preferentemente, o usuarios que dispongan de la posibilidad de acometer estas obras, siempre bajo supervisión y cumpliendo los pliegos técnicos exigidos por la administración, se harían cargo de los costes de la ejecución de las obras y las posibles expropiaciones, si las hubiera. A cambio de ello, se obtendría la concesión administrativa sobre los caudales interceptados y la administración conseguiría que los cauces afectados por las obras no ocasionaran daños, además de facilitar que se encuentre una fórmula de colaboración entre particulares y administración para que esos cauces se encuentren en óptimas condiciones y se minimicen los riesgos.

Este plan es ampliable, pero supondría una inversión directa de unos 100 millones de euros, para disponer de un agua que actualmente no tenemos y que ocasiona cuantiosos daños. Inversiones que realizarían las Comunidades de Regantes mediante recursos propios, aunque sería posible algún tipo de ayuda pública (realmente, la mejor ayuda sería permitir su ejecución).

Y para que sepan de qué hablamos les diré que con esos 100 millones de euros podemos comprar agua desalada durante un año (unos 150 Hm3), sólo un año, mientras, seguimos padeciendo destrozos, contemplando como se pierde este tesoro y… algunos se hacen de oro a nuestra costa.

No se ustedes, pero yo lo tengo claro.

Daniel Ruiz. Sota de Palos.

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