Rincón literario de Paco Marín

Rincón Literario de Paco Marín: “Solo ante el pasado”

TÍTULO:     Solo ante el pasado

AUTOR:      Antonio Miguel Cascales García

EDITA:       Editorial Sargantana (2022, marzo)

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 14,8 x 21,5 cm. Número de páginas: 224. PVP: 15,90 €. ISBN: 978-84-18552-57-1

Antonio Miguel Cascales García no es un escritor novel, no acaba de llegar al panorama literario… bueno, el nombre ‘si’. Bienvenido, y deseo que el peso de los apellidos ‘Marchal Sabater’ siga presente en sus próximas obras.

“Solo ante el pasado” es una auténtica lección de historia, repartida en diversos niveles y personajes… personajes que pasean sus vidas por la España de la posguerra, posguerra que alberga multitud de tintes negros; lo que hace que tengamos una novela ‘histórica/negra’. Buena mano la de Antonio Miguel para tener al lector entretenido, deleitándose con hechos, lugares y situaciones muy interesantes.   

Solo ante el pasado es en esencia una excitante novela negra con un trasfondo histórico que nos trasladará a los años cincuenta, especialmente a aquel Madrid en blanco y negro visitado y recorrido por los artistas más representativos del Hollywood de la época, a los campos de concentración franquistas, la repatriación de los niños de la guerra junto a prisioneros de los gulags y otros escenarios de la España de la época.

Todo ello de la mano de un marginado, un detective, ex militar y miembro de la temida Brigada Político Social, que perseguido por su pasado investiga una serie de asesinatos entre los que no sabe distinguir donde acaba la delincuencia común, la subversión antifranquista y sus propios fantasmas: confundiendo, a veces, pasado, presente y futuro.

El autor, enamorado de la novela negra y de la novela histórica, conjuga ambos estilos, sacando a relucir hechos históricos que han caído en el olvido y los alterna con las pesquisas de su protagonista.

Lean “Solo ante el pasado” no se arrepentirán. Felicito a la editorial Sargantana por su publicación.

Antonio Miguel Cascales García (Murcia, 1964). En los años ochenta, ingresó en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado e, inmediatamente, fue asignado a la lucha antiterrorista dentro de los servicios de información del Estado, circunstancia que le llevó a ser testigo de numerosos acontecimientos de la transición en diferentes lugares de la geografía española: País Vasco, Cataluña o Madrid. En algunas de sus novelas, refleja parte de ese pasado adaptándolo a la trama. Cuenta con varios premios literarios: certamen de microcrímenes de Falsaria 2012; 2.º premio de relatos cortos organizado por el Ayuntamiento de Lorquí (Murcia), dentro de la celebración de la II Semana Cultural 2013, y el Premio del Público del X Certamen de Narrativa Breve 2014 de la Asociación Canal Literatura.
Otras novelas: El valle de las tormentasBajo la Cruz de Lorena y Oiz 1985La sombra de la sospechaDashaEpitafiopara un extraño.

Auténtica lección de historia con “tintes negros” la que nos proporciona Antonio Mar… (perdón)… Antonio Miguel CascalesGarcía… Gracias…

P.- Por favor, presente a Antonio Miguel Cascales García.

R.- Antonio Miguel Cascales García es un hombre de 57 años, funcionario con mucha experiencia y muy dado a contar historias. Por mi trayectoria profesional y la cantidad de lugares donde he vivido he sido testigo directo de muchas cosas y como también me gusta conversar sé escuchar. Estas son las principales fuentes de información que luego me inspiraran.

P.- Sus anteriores novelas las publicó bajo el nombre de Antonio Marchal Sabater ¿por qué? 

R.- Bueno, como ha ya he dicho soy funcionario, soy guardia civil desde los años ochenta, mis primeros destinos estuvieron vinculados a la lucha antiterrorista, conozco hechos, decisiones de autoridades en momentos de desesperación y muy dado a interiorizarlas y analizarlas después. Cuando decidí escribir y dejar plasmadas sobre el papel algunas de esas vivencias, me dio un poco de respeto —las palabras se las lleva el viento, pero lo que se escribe permanece, si no para la eternidad, sí durante una buena parte de tiempo que, en la mayoría de los casos, supera nuestras vidas—. Me encontré ante una disyuntiva: contar las verdades a medias y diluirlas entre la novela, o, contarlas con la máxima fidelidad de forma novelada —la diferencia tiene matices—. Opté por novelar la realidad, pero oculto detrás de un nombre menos conocido, —hoy las redes sociales fulminan nuestra intimidad—. Marchal Sabater no es en realidad un seudónimo, son apellidos míos, son los apellidos de mis abuelas que no llegaron a mí, pero a fin de cuentas míos. Eso me dio la tranquilidad necesaria para escribir con la pasión de quién quiere contar las cosas como fueron, o al menos como las interpreté. La verdad siempre es subjetiva.

P.- ¿Queda en el recuerdo Marchal Sabater o volveremos a encontrarnos con él?

R.- Ahora mismo no lo sé, no puedo contestar a esa pregunta con la seguridad de no incumplir luego con la respuesta, le he tomado mucho cariño y buena parte de mi familia, la que sigue manteniendo esos apellidos, me animan a mantenerlo con vida. Voy a ver si legalmente se me permitiera añadirlos a los míos, sería una forma de no enterrarlo. Pero realmente no sé qué va a pasar con ellos

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace “Solo ante el pasado”?

R.- Solo ante el pasado surge de mi necesidad de querer escribir una novela negra de las que yo considero de pata negra, me explico: quería que el narrador fuera el propio personaje, creo que esta es una buena condición para el género, le da empaque. Sé que esto es muy subjetivo, pero a mí me va. Además, necesitaba que los hombres llevasen sombreros, gabardinas, que las mujeres llevasen falda, que se mostraran reprimidas, que no pudieran mostrarse con la seguridad que las caracteriza. Los personajes tenían que deambular por calles adoquinadas y poco iluminadas, marcando una sombra que a veces les siguiera y otras les precediese, que caminasen arrebujados en sus pensamientos, en sus vidas que, por supuesto, debían ser negras. Esta intención me obligó a situar la trama en algún momento de nuestra historia en el que todo eso encajara de forma natural, ese tiempo me lo dieron los años cincuenta. Los cincuenta siempre me han atraído bastante, quizá porque fueron los años en los que mis padres pasaron de la adolescencia a la juventud, el tiempo en el que se conocieron y de alguna manera, yo, aunque aún en el limbo, empecé a ser la ilusión de alguien, de dos jóvenes, una adolescente jienense que venía de pasar su niñez en el Tánger español, y un murciano que empezaba a descubrir que fuera de la huerta, de sus brazales y del puerto de Cartagena -añado que en la década anterior mi abuelo, también picoleto, estuvo destinado en el puesto de la Guardia Civil de La Algameca y por tanto la niñez de mi padre está vinculada a Cartagena-Evidentemente yo no viví los cincuenta, nací a primeros de los sesenta, pero la década llegó a mí dulcificada con la ilusión de quiénes solo tenían buenos recuerdos de ella. Luego, al empezar a investigar descubrí que no todo era felicidad, que también había una España negra y oscura que se escondía tras el telón de los artistas de Hollywood que se dejaban ver por los restaurante y hoteles de postín del Madrid de la época, ese Madrid que Franco aprovechó para vender España en el exterior y que provocó el estallido de los sesenta: las playas, los hoteles, las suecas, las carreteras asfaltadas, un aeropuerto internacional y una nueva y productiva industria, el turismo, fuente económica que aún explotamos.

P.- ¿Cuál ha sido su base documental?

R.- Principalmente las vivencias de mis progenitores, he leído otras novelas de la época, revistas, fotografías, periódicos…

P.- ¿Qué le atrae más: ‘tema histórico o negro’?

R.- No puedo separarlos. Cuando alguien me pregunta a quién me gustaría parecerme en la literatura siempre contesto lo mismo; Frederic Forshide, Larry Collins, Dominique La Pierre, Jhon Le Carré… Gente que supo combinar magistralmente los dos géneros. Últimamente me han corregido, la novela histórica tiene que desarrollarse en ambientes de más de cien años, si no es así técnicamente no lo es. Así que la respuesta correcta es: la novela negra, aunque realmente a todas mis obras les tejo un telón de fondo con rasgos del momento histórico, social, económico, político, y físico del lugar donde se desarrolla.

P.- ¿Qué nos falta saber de la posguerra española, del 1936?

R.- Muy poco, incluso puede que nada. Aunque la información que nos ha llegado hasta ahora ha estado muy sesgada, nos ha llegado toda. Digo lo de sesgada porque el cine y la literatura de los cincuenta y los sesenta nos mostró la cara buena de la época, la faz romántica del momento. Luego llegaron los ochenta, las subvenciones al cine y la posibilidad más amplia de publicar a los que escribían contra el régimen anterior, esto provocó un efecto péndulo que nos dejó poso surrealista, casi tétrico, del momento. Si de las obras de ambos períodos extraemos el poso real, aquello que nadie puede desmentir, obtenemos una fotografía fiel del momento, que ni era tan bueno como lo pintaban “los Hunos” ni tan malo como lo hacían “los Hotros” —que conste que con estas faltas de ortografía estoy emulando a mi admirado D. Miguel de Unamuno que calificaba así a las dos Españas minoritarias que tantos quebraderos de cabeza nos trajeron y nos traen—.

P.- Campos de concentración, niños de la guerra, División Azul… Por favor, comente algo sobre estos puntos.

R.- Antes de contestar a esta pregunta permítame hacer una aclaración. Dado que la obra es una novela, no un libro de historia, yo me he permitido estirar y encoger la década para adaptarla a la trama. Los campos de concentración del franquismo, aunque desaparecidos oficialmente en el año 48, se prolongaron al sistema penitenciario hasta los años setenta. No se puede escribir de los cincuenta sin tener en cuenta a esos españoles presos y represaliados por el régimen durante toda su juventud.

Los niños de la guerra volvieron a España —los que volvieron— en el año 56, tras la muerte de Stalin. También volvieron junto a ellos los detenidos de la división azul y los presos republicanos que, tras exiliarse en la URSS y descubrir que el paraíso comunista no era tal, acabaron sus días represaliados en los famosos gulag, donde el dictador soviético juntó bajo los mismos barracones a las dos Españas: la fascista y la democrática. Un hecho constatado del momento es que, junto con todos estos españoles, la URSS introdujo en España, —una España que políticamente se alejaba de ellos y se reconciliaba con los aliados, especialmente con los Estados Unidos— una cantidad ingente de espías. Me explico, España salía del infierno de la época azul del franquismo, del bloqueo económico, a cambio de inversiones millonarias de los americanos, —entre esas inversiones debemos contar con la instalación de las tan traídas y llevadas bases militares, en un momento en el que la tensión entre EE. UU. Y la URSS se recrudecía hasta desembocar en la guerra fría—. Esto no sentó bien en la URSS, entonces volvieron sus ojos hacia los españoles que aún permanecían en su territorio y que al regresar no serían reconocidos por sus familiares, si es que estos no habían desaparecido represaliados por Franco. 

Nikita Jrushchov, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y a la sazón presidente de su país, supo aprovechar el momento e introducir en España y en Europa junto a los repatriados su quinta columna. Ellos reforzaron, desde el 59, más o menos, el sentimiento nacionalista en vascos y catalanes, disfrazándolo muy habilidosamente de movimiento democrático. Después, en los primeros años de los sesenta formaron los comandos militares de ETA y Terra Lliure. Una copia exacta de aquella estrategia podemos verla ahora en Donbass (Ucrania) con los ucranianos prorrusos, que no son más que rusos con los que Stalin repobló la zona tras aniquilar a los oriundos con sus famosos planes quinquenales, allí fueron menos escrupulosos que en España, sin embargo, los separatistas del siglo XXI —conocedores de esa tendencia— volvieron a buscar el apoyo de sus próceres para poner a España en un brete ante el mundo entero.

P.- ¿Qué pretende al hacer que el personaje se pasee por la mayor parte de la geografía patria?

R.- De una forma antropológica, describir un poco la España de la época, su fisonomía, sus costumbres, el día a día de la gente. Mi intención es entretener al lector al tiempo que sienta la sensación de descubrir tiempos pasados.

P.- ¿Que opinaban de los españoles, en esa época, allende de los Pirineos?

R.- No teníamos buena fama. El régimen franquista no gozaba de ella hasta que llegaron los dólares estadounidenses. —Con un primo como los EE. UU, forrado y con ganas de invertir, defendiendo nuestra retaguardia la cosa cambió—, el resto de los países vecinos y no vecinos empezaron a vernos así. 

Los exiliados en algunas ocasiones también dejaron su impronta. En Toulouse, donde se afincaron buena parte de ellos, especialmente catalanes —hubo quien llamaba a la ciudad la quinta provincia de Cataluña— hubo un enfrentamiento tan grande entre ellos que hasta las autoridades tuvieron que intervenir para que no se organizara allí otra rebelión.

P.- Háblenos de la portada, por favor.

R.- La portada es un cuadro de BenildeRodríguez que representa a la Gran Vía madrileña, centro geográfico y social de esas dos Españas; una frívola y en color y otra negra y humilladas que la recorrían a diario, unos buscando bares, restaurantes y teatros donde dejarse unos dólares y otra que volvía a casa después de jornadas laborales de doce horas o más, sin dinero para llegar a fin de mes y con algún hermano desaparecido o preso y torturado en algún lugar desconocido.

P.- Venda su libro, ¿por qué hay que leer “Solo ante el pasado”?

Porque nos va a proporcionar un buen rato, nos va a entretener y vamos a conocer mejor nuestro pasado más reciente, el embrión de la España de ahora; el momento exacto en que la sociedad aprendió a vivir en paz, sin democracia, pero con ciertas libertades a las que nos acostumbramos muy pronto y ya no quisimos perder jamás. 

En los setenta —salvando las distancias— los españoles ya éramos más europeos de lo que creíamos, eso nos ayudó mucho a afrontar la transición dado que esta, ya solo era una cuestión política.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- Tengo una novela en la parrilla de salida que es una trama vaticana que, junto con secuestros, asesinatos y amores, nos hará un recorrido por la historia del Vaticano desde su refundación como Estado con el Tratado de Letrán hasta nuestros días. Todas sus inversiones y su leyenda más negra quedaránal descubierto. —Fíjate que digo negra, ahí lo dejo…— Y ahora ando recopilando información sobre el terrorismo islámico en Europa; y hasta ahí puedo leer.

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar