Rincón literario dominical

Rincón Literario Dominical de Paco Marín: «La novela de Oleza»

TÍTULO:     La novela de Oleza

AUTOR:      Gabriel Miró

EDITA:       Drácena (2023, mayo) -ficciones y relatos-

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 14 x 21,5 cm. Número de páginas: 484. PVP: 24,95 €. ISBN: 978-84-124932-9-0

Contra la ignorancia, y hasta el desdén, que hoy oculta a Gabriel Miró, el profesor Prieto de Paula nos señala, en la introducción de esta edición de “La novela de Oleza” —reunión de ‘Nuestro Padre San Daniel’ (1921) y de ‘El obispo leproso’ (1926)—, que en sus páginas encontramos las «cumbres más elevadas en la prosa castellana de su tiempo»; y repárese que no se trata de cualquier época, sino la de la Generación del 98. Y a tal punto su prosa resulta, por su perfección y su extremado sensualismo, singular e inclasificable, que algunos críticos actuales han tenido que buscar un parangón en el extranjero y han calificado a Gabriel Miró del Marcel Proust español.

En cuanto a “La novela de Oleza” —suma de un par de largas y consecutivas narraciones sobre una misma ciudad, Oleza (trasunto literario de Orihuela)— constituye el minucioso retrato de un universo que Gabriel Miró conocía muy bien desde la infancia: la España provinciana y finisecular, agarrotada por una religiosidad exasperante que, tamizada por el pulso de Miró, se torna calenturienta, morbosa, perturbadora.

Gabriel Miró. (Alicante, 1879 – Madrid, 1930); es considerado el novelista hispánico más exquisito del s. XX. Su vida transcurrió en su Alicante natal hasta la primera década del siglo, cuando se trasladó a Barcelona para trabajar en la inconclusa Enciclopedia sagrada, y luego, desde 1921 hasta su muerte, en Madrid, donde ocupó un puesto en el Ministerio de Instrucción Pública. Reconocido en los círculos literarios españoles desde que le concedieron el primer premio de novela organizado por “El Cuento Semanal”, en 1908, colaboró en los más importantes periódicos de Madrid (Heraldo, El Imparcial, ABC) y de Barcelona (Diario de Barcelona, La Vanguardia, La Publicidad) y hasta de Buenos Aires (la revista Caras y Caretas o el diario La Nación). Su concepción novelística, plena de hiperestesia, con un amplísimo vocabulario y una forma narrativa a menudo fragmentaria, lo empareja con los planteamientos de sus contemporáneos como Proust o Wolf, al tiempo que le procuró una notoria influencia sobre los narradores españoles inmediatamente siguientes o llamados de la República, e incluso entre los poetas del 27. No obstante, su popularidad aquejó siempre el prejuicio sobre la insustancialidad de sus argumentos, cuando en absoluto lo son; al contrario, pues el gran tema de su novelística fue la huella del tiempo sobre la mente de los personajes. Sus títulos más conocidos son “Nuestro padre San Daniel” (1921) y su continuación “El obispo leproso” (1926), o su casi biográfica “El libro de Sigüenza” (1917) o la colección de relatos “Años y Leguas” (1928).

“Las cerezas del cementerio” (1910) es su primera novela de madurez y, por tanto, donde hallamos ya los portentosos elementos que caracterizarán su narrativa.

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