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Ucrania versus Vietnam, Ramón Galindo

Sumidos de lleno en una guerra en la que los expertos pronosticaban que iba a durar solo unos días, al enfrentarse una de las grandes potencias mundiales a un <> país de gran inferioridad armamentística, las cifras resultantes no parecen dar la razón a aquellos pronósticos. Y aunque el factor equipamiento y numérico era un exponente muy a tener en cuenta, resulta que el factor humano es el que parece que predomina en importancia. Mientras que en Ucrania todos los hombres en edad militar corrían a alistarse, incluso los que estaban fuera del país, en Rusia sus soldados rezaban para que no les tocase. Pero más se agrava la cosa cuando Putin después de achuchar a sus generales y sin resultados satisfactorios, decide reclutar a modo de leva forzosa a quienes por edad les corresponda. El efecto ha sido la estampida y ahora en Europa además de a los refugiados ucranianos, también vamos a tener que acoger a los prófugos rusos que huyen despavoridos de “una guerra que no es la suya”.

  Hay muchos ejemplos en la historia, pero sin duda el más semejante fue el de Vietnam, una gran potencia con un ejército modernamente equipado y unos soldados forzosamente reclutados que se encontraban en “una guerra que no era la suya”. Y cuando un soldado no tiene motivación la guerra está perdida. Por aquellos entonces los hijos del Tío Sam habían diseñado el flamante fusil de asalto de la prestigiosa marca Colt, modelo M-16 con cargador de treinta cartuchos en sustitución de la veterana Garant M-1 de solo ocho cartuchos diseñada en 1.938 ¡Como sería de malo el resultado del Colt! que rápidamente retomaron el vetusto fusil M-1 o recogían los potentes AK-47de Kaláshnikov que suministrados por el entonces URSS al Vietcong, podían arrebatarle al enemigo con el consiguiente problema logístico del municionamiento. Pero no solo fue el fracaso de un nuevo arma cuya humedad y follaje de la jungla podían con su eficacia ¡Pero más aún! Los americanos limitaron el dispositivo de ráfagas del M-16, capando a tres disparos cada una, pues el pánico de los norteamericanos al presentir a los guerrilleros vietnamitas provocaba que al apretar el gatillo vaciaran el cargador desperdiciando la munición. Y si esto era poco, los hongos y las enfermedades causaban aún si cabe mayor mella entre una juventud norteamericana que solo pensaba en la marihuana y los conciertos de Rock. Tras diez años de combates y mucho napalm, el continuo goteo que alcanzaba hasta el último pueblo de EE. UU de los 57.000 ataúdes cubiertos con la bandera de barras y estrellas, caídos en una guerra que consideraban que no era suya, dio al traste con los planes del potente y todopoderoso ejército americano que tan solo veinte años antes pudo con Alemania y Japón, no sin antes bombardear Hiroshima y Nagasaki con sendas bombas nucleares.

   Hoy, sesenta años más tarde en pleno siglo XXI y aún con el AK-47 en activo, esta vez presente en los dos bandos, habiendo obviado la mayor de las armas que es la moral de las tropas, Putin se sumerge en Ucrania con dos únicos desenlaces posibles, o que presione el botón rojo, o bien que desde dentro lo apuñalen sus allegados, y los rusos salgan con el rabo entre las piernas y se dediquen a reconstruir su decadente sociedad de muy ricos y muy pobres.

 Aquí mientras tanto, Sánchez no para de elucubrar en la fecha de las próximas elecciones, pensando en el juramento de la Princesa Leonor al cumplir la mayoría de edad, aprobando peligrosas leyes que incluso con la excusa de una crisis, le podrían hacer permanecer en la Moncloa “en funciones” una tiradita más y de paso darle tiempo a los catalanes a forzar sus apreciados planes independentistas, a los de Bildu a liberar a los asesinos de ETA y a Yolanda Díaz a diseñar otra cesta de la compra de patatas y cebollas para nosotros, que desde su lujoso piso de 400 m2 de la Castellana mientras que en la compra de su ministerio, para los piscolabis de los viernes abundan las gambas y el champagne, y su colega la cajera que más entenderá de cestas de la compra, se rebela en favor del sexo entre niños. Esto sí que es una guerra, pero de tontos, a ver quién desde el gobierno dice la gilipollez más grande.



Y así con esta primera tormenta de otoño, olvidándonos de los calores que aún no han terminado de marcharse, a vuestra salud y en perjuicio de la mía, mientras me dejen enciendo el puro de los domingos, escribo estas letras, excusa que aprovecho para enviar un fuerte abrazo a amigos y familiares. 

RAMON GALINDO

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