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Y con esto poco a poco nos llamaron pijos y Cayetanos por Ramón Galindo

Y con esto poco a poco nos llamaron pijos y Cayetanos.

A veces, algunas veces por razón de inferioridad física o mental (en este caso las dos cosas) nos cuesta trabajo contestarle y explicarle las cosas a quienes están postrados en una silla de ruedas o su coeficiente intelectual es muy inferior, como es el caso, pues un poco de cobardía hay en quien se mete con quien no se pueda defender pero esta no es la ocasión, pues no se le puede conceder inmunidad a su inmundicia y su desgracia. Y por tanto le voy a contestar al mequetrefe de Echenique y al dobla-camisas de Rufián, este segundo si anda pero su minusvalía mental supera con creces a la invalidez física del otro.

Las palabras escritas muchas veces no son bien entendidas, por su entonación, el ámbito o plataforma donde se pronuncian y el contexto donde se incluyen pueden variar mucho su significado. Por eso voy a intentar ser lo más explícito posible.

En el caso que nos ocupa está claro, que ambos tipejos han intentado ofender a varios millones de españoles, con intencionalidad manifiesta, impregnada de odio, envidia y rabia perruna.

Precisamente allá por las tierras de levante, entre las provincias de Alicante y Almería donde nací, crecí y a veces vivo, el morfema “pijo” puede tener varios significados, empezando por el miembro masculino (del que creo que estos dos por su acomplejada envidia manifiesta, denotan no estar bien dotados) si es que lo están. También se puede referir a quienes les guste vestir bien o de determinadas marcas de moda, o llevar los zapatos limpios, siempre y cuando con el esfuerzo de su trabajo o el de su familia se lo puedan permitir y que además suele llevar acompañada la costumbre del cuidado de la higiene y el aseo personal. Pues el que practiquen uno u otro deporte parece no tener relación, ya que me siento aludido, no juego al golf y no conozco mucha gente que lo haga, tampoco vivo en El Barrio de Salamanca, al contrario que el inválido que allí ha vivido “de gorra” mientras defraudaba a la Seguridad Social; aunque tenga allí amigos de toda la vida, y también los tengo repartidos por Aluche, Parla, Moratalaz, Getafe, Pinto, Valdemoro y otros barrios periféricos. Donde no los tengo es en La Moncloa ni en los lujosos chalets de Galapagar. Y ya que al papá de Echenique se le ha visto ataviado de pantalón a cuadros y viserita jugando con el palito y la bolita por los refinados clubs de Zaragoza, y no por eso le vamos a llamar “hijo del pijo” tampoco por el nombre de pila, o en su caso del inscrito en el registro civil podemos inducir al insulto a los que se llamen por un determinado nombre propio, porque si por ahí va el imbécil de Pablito Echenique, en lo que a mí me toca por llamarse así una de mis nietas, con todas las palabras “me cagaría en todos sus muertos” frase que pronunciada por tierras de Andalucía, donde varios años de mi vida pasé, y más si hablamos de Cádiz, podría ser hasta de graciosa como él.

Pero si estos dos fantoches, desde la plataforma del Congreso de Diputados y con el pingüe sueldo que les pagamos, lo que han pretendido mediante la ofensa, es dividir al país en dos grandes grupos de “Cayetanos pijos” y “perroflautas guarros” yo sin dudarlo me apunto al primero, que por cierto suma más votos que el segundo.

Claro que yo no puedo subirme al estrado del hemiciclo con los medios de comunicación delante para difundir insultos ¡Bueno Echenique tampoco! Aunque en exclusiva le hayamos pagado con nuestros impuestos “la dolorosa” de la reforma para que pueda circular por allí. Lo hace desde abajo, pero si puedo desde aquí “corriendo el riesgo de que me boqueen en la red, que su censura y falta de libertades nos han impuesto” tildarlos de unos sustantivos típicos de mi tierra, de forma graciosa y lastimosa pues esas son las sensaciones que ambos desprenden, para uno “TONTOELCAPULLO” y para el otro “TONTOELPIJO”.

Y así hoy pleno de descanso de la sobremesa dominical, y como dijo el torero (de mi tierra por cierto) quedándome tan “agustico” aspiro con gusto el humo del puro de los domingos, que alterno con los sorbos del aromático café y que hoy les dedico con cariño a estos dos deshechos de tienta, que si lo que han pretendido es ofendernos, lo único que han conseguido es, que hasta les cojamos cariño como el mismo que se le coge a un par de “perros callejeros” abandonados.

RAMON GALINDO

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